La entrada del cementerio

Se anudó con desgana el cinturón de la gabardina café con leche. Observaba las gotas en su incesante golpear contra el suelo. Tap tap tap. “Es tan extraño todo”, pensó mientras su mano izquierda, distraída, atusaba su melena, “Parece incluso el mismo día, como si estuviera en un bucle que me impidiera avanzar y me obligara a volver siempre a él”. En el fondo de aquel día gris se dibujó la luminosa sonrisa de Jan. Las arruguitas que bordean sus ojos. El miel antiguo. “Perdona” le dijo él y al levantar la vista Sara supo que aquél encuentro no había sido fortuito, que la vida le traía, al fin, el regalo que pensaba que merecía.

No había sido fácil su vida, no, pensó Jan mientras hablaban. El padre ausente al que no se nombraba, la madre siempre fuera de casa para poder mantenerla y ella tan sola con sus ganas de aprender. Imaginó aquella cabecita cobriza enterrada en un mar de libros en un pequeño comedor de apenas 10 metros cuadradados y no pudo menos que enternecerse. Nadie parecía querer darle una oportunidad, ni el propio Dios desde lo alto, nunca llegaba a su objetivo. No pudo ir a la Universidad, así que desde bien joven empezó a trabajar. Auxiliar administrativo en una pequeña empresa, picaba facturas de 9 a 17 h. Ella parecía feliz, por más que él pensara que cuanto le contaba era terrible. Continue reading “La entrada del cementerio”