Todo llega

Aquél día hacía sol y las florecidas lavandas teñían el horizonte. Despreocupada caminaba entre ellas, dejando que su vista vagara por el vasto paisaje. De pronto un muchacho irrumpió rápido en su campo de visión. Se quedaron parados el uno frente al otro, reconociéndose, sabiendo que el destino había llegado. Ella notó cómo su corazón se alborotaba, tanto que onduló su blusa y sintió crecer en lo más profundo de su cuerpo un rubor nacarado que pronto llegó a sus mejillas. Él sonrió despacio, la miró de abajo a arriba, la falda remangada, la alpargatas, el castaño pelo alborotado, los inmensos ojos azulados con destellos miel mirándolo fijamente, la carnosa boca entreabierta y se quedó colgado de su imagen. Sin poder apartar la mirada de su cuerpo estiró el brazo, tomó su mano y la invitó a bailar. El coro estaba en su cabeza, no necesitaban más. Dos cuerpos destinados a encontrarse bailando el baile más antiguo. Continue reading “Todo llega”

Sin vuelta atrás

Pensaba tumbada en el sofá, mirando fijo al techo sin apenas parpadear.  Sin  tristeza, sólo cierta melancolía y añoranza. Las cosas habían cambiando tanto. Ya no había ramos de flores cuando discutían. No había llamadas fuera de esquema, ni correos, ni mensajitos al móvil. No más notas de amor dibujadas en la mampara con el vaho de una ducha ardiente en febriles fantasías. Ya no había nada de eso. Sólo el vacío y el recuerdo de aquello que fue. La desidia. El abandono. La molestia de verse compartiendo espacio. El hartazgo por aquellas manías que hasta hace poco apenas irritaban. La impotencia y la rabia de haberse visto vencidos por la rutina quedaba.

Miró la mesa que tenía al lado. Unos papeles y sobre ellos un bolígrafo y las gafas. Sabía lo que quería hacer pero el impulso no llegaba. Y, como en un sueño, de nuevo en el principio estaba. Dos miradas al frente perdidas en un horizonte de espuma de mar alborotada. Leves caricias con intención de conquista. Sonrisas furtivas convertidas en intensas carcajadas. El empuje de dos cuerpos hambrientos descubriéndose con ansia. Promesas susurradas al calor de las sábanas. Ganas de hacerse felices, de acompañarse… Estalló en lágrimas. ¿Cómo algo tan grandioso había terminado por ser nada? Se levantó de un salto del sofá, tomó las gafas. Firmó sin que la izquierda temblara. Cogió el móvil y buscó Mayka. “Ya está hecho. Libre otra vez.” Continue reading “Sin vuelta atrás”

La felicidad invertida

No era el momento, estaba claro. Desde el último banco de la iglesia hasta el altar nuestras miradas se entrelazaban con insistencia en un intercambio inapropiado. No podía apartar mi mirada de ella: estaba resplandeciente, desde el cabello suavemente ondulado hasta los jugosos labios de fresa. Mediaba un abismo desde la última vez en que nos habíamos visto y, sin embargo, el instinto animal que despertaba en mí no se había alterado. Era incapaz de controlar mis pensamientos estando cerca.

Miré de reojo a Juan. Tan atildado como siempre, tan seguro de sí, tan encantador. Cuando Mara nos presentó pensé que no era hombre para ella y mi opinión seguía siendo la misma. Ahí estaban los dos, vestidos de domingo, delante de una centena de amigos y familiares dispuestos a jurarse amor eterno. Mientras pronunciaba las malditas palabras era yo quien estaba en su cabeza, estaba seguro, pero no podía culparla por entregarse a otro hombre. Tenía la certeza de haber equivocado mi camino durante muchos años, alejándola de mí yo había condenado a aquella extraordinaria mujer que justo en ese instante pronunciaba un tímido “Sí”. Cuando hubo concluido la palabra giró la cabeza y sus profundos ojos verdes se posaron en los míos. Un velo acuoso, rápido, inesperado, se adueñó de mi vista y una solitaria lágrima resbaló por mi mejilla. A pesar de la presteza de mi mano, ella consiguió verla y su gesto se contrajo en una mueca de sorpresa que en un primer momento no entendí, pero que cobró sentido después de pensarlo varias veces: gracias a mi empeño en ignorarla durante tanto tiempo, la había convencido de que no sentía nada por ella. !Era tan cobarde haber esperado hasta el último segundo para intentar recobrarla! Me sentía el protagonista de una de esas absurdas películas americanas en las que el galán y la jovencita se reconcilian al final, justo cuando el Juan de turno se quedaba pasmado  y solo en el altar. Continue reading “La felicidad invertida”