Me piensas

Leí su nombre y me quedé en blanco. Habían pasado tantos años… tantas cosas. Ya no recordaba el tacto de su piel, ni siquiera el sonido de su voz, sólo la última conversación telefónica que terminó con un “ya no puede ser” y luego la nada. Y ahora estaba allí, tan cerca que el simple pensamiento me  arreboló las mejillas y me aceleró el corazón.

Tras despedirnos traté de no pensarle. Nuestras vidas estaban ya destinadas a discurrir separadas y yo hice la mía, lo mejor que supe… aunque quizá lo más acertado sería decir lo mejor que pude. Cambié de trabajo, de ciudad y, poco a poco, me fui haciendo a no recibir sus llamadas ni sus mensajes, le fui borrando un poquito cada día. No fue fácil. Estaba muy enamorada y convencida de que el futuro pasaba por vivirlo con él. Así que tras su despedida tuve que reconstruir mis propios cimientos. No me quejo. Aprendí a vivir sola, sin la tóxica dependencia que produce el enamoramiento clásico, sabiendo que podía salir adelante sin una pareja conmigo, sabiendo que podía seguir sin él. Cuántas noches me descubrí fantaseando con su vuelta, para luego devolverme yo misma a la realidad. Y ahora que estaba superado, reaparecía. Continue reading “Me piensas”

La entrada del cementerio

Se anudó con desgana el cinturón de la gabardina café con leche. Observaba las gotas en su incesante golpear contra el suelo. Tap tap tap. “Es tan extraño todo”, pensó mientras su mano izquierda, distraída, atusaba su melena, “Parece incluso el mismo día, como si estuviera en un bucle que me impidiera avanzar y me obligara a volver siempre a él”. En el fondo de aquel día gris se dibujó la luminosa sonrisa de Jan. Las arruguitas que bordean sus ojos. El miel antiguo. “Perdona” le dijo él y al levantar la vista Sara supo que aquél encuentro no había sido fortuito, que la vida le traía, al fin, el regalo que pensaba que merecía.

No había sido fácil su vida, no, pensó Jan mientras hablaban. El padre ausente al que no se nombraba, la madre siempre fuera de casa para poder mantenerla y ella tan sola con sus ganas de aprender. Imaginó aquella cabecita cobriza enterrada en un mar de libros en un pequeño comedor de apenas 10 metros cuadradados y no pudo menos que enternecerse. Nadie parecía querer darle una oportunidad, ni el propio Dios desde lo alto, nunca llegaba a su objetivo. No pudo ir a la Universidad, así que desde bien joven empezó a trabajar. Auxiliar administrativo en una pequeña empresa, picaba facturas de 9 a 17 h. Ella parecía feliz, por más que él pensara que cuanto le contaba era terrible. Continue reading “La entrada del cementerio”

El retorno

Aún no había amanecido pero llevaba mucho rato despierta. Quieta, con los ojos cerrados, escuchando la nada que había en su habitación, con la mano extendida sobre el hueco a su izquierda. No se trataba de nervios exactamente, era un hormigueo más leve, algo menos acuciante. Haciendo un esfuerzo consciente abrió los ojos y miró la hora que marcaba el despertador reflejada en el techo: las seis y veinte. Tenía narices que estuviera despierta 10 minutos antes de lo que lo hacía normalmente con lo que le costaba madrugar cada mañana. Como ya no sabía que inventarse para estar debajo de las sábanas se levantó. Abrió el grifo de la ducha, tardaba mucho en salir caliente, se miró en el espejo mientras tanto, se vio cansada… y vieja… y cansada. Se dio con la realidad de quien espera durante tanto tiempo. Le había cambiado no sólo el carácter, sino también el rictus, esa expresión de normal candorosa ahora estaba crispada, su color de piel gris en vez de rosado, la sonrisa tensa. En estos dos años le habían salido surcos bajo los ojos y había perdido su luz.

Agitó la cabeza para alejarla de su imagen y se metió en la ducha. No se demoró mucho, se abrigó con el albornoz y preparó café, el mismo café que a él tanto le gustaba, el que compartían desde que habían decidido que la mejor manera de aprovechar sus vidas era pasarlas juntos. Lo tomó de pie en la cocina, mirando cada foto colocada sobre el frigorífico, en las que estaban los dos, sus familias (la que tienes cuando naces y la que te forjas con los amigos a fuerza de dedicarles tiempo) y sus momentos importantes (la no boda, cuando se juraron amor eterno brindando con Abadía Retuerta en una pequeña bodega de Aranda de Duero y que a ellos les sirvió para intercambiar alianzas y gritarle al mundo su amor). Recordando metió la taza en el fregadero con media sonrisa en los labios. Sólo eran las siete. El avión aterrizaba sobre las diez… tenía todo el tiempo del mundo. Continue reading “El retorno”

Renovación

El día empezó como todos, con el despertador martilleando, snooze, 9 minutos, vuelta a empezar. El tedio, la rutina, eran ya tan absolutamente insoportables que cada mañana, al abrir los ojos, necesitaba pensar si era lunes o jueves, todos iguales parecían. Abrió el armario, traje gris, blusa blanca… en un alarde de creatividad calcetines rosas con flores diminutas, sutil inicio de su cambio.

Miró a su alrededor al coger la gabardina. El recibidor blanco, el salón tan ordenado, tan poco vivido como su propia vida. Estaba cansada de su monotonía, de su alta disponibilidad laboral, nada había en casa que la esperara, nadie la esperaba en casa, casi prefería estar en la oficina a regresar a ese hogar tan aséptico como una clínica privada. Miró a su alrededor y le dijo adiós a cada una de sus pertenencias dejando posar su mirada unos leves segundos. Nada de aquello le decía nada. Así que no perdió mucho más tiempo y se marchó dando el portazo que, en sentido metafórico, estaba deseando darle a su vida. Continue reading “Renovación”

Todo llega

Aquél día hacía sol y las florecidas lavandas teñían el horizonte. Despreocupada caminaba entre ellas, dejando que su vista vagara por el vasto paisaje. De pronto un muchacho irrumpió rápido en su campo de visión. Se quedaron parados el uno frente al otro, reconociéndose, sabiendo que el destino había llegado. Ella notó cómo su corazón se alborotaba, tanto que onduló su blusa y sintió crecer en lo más profundo de su cuerpo un rubor nacarado que pronto llegó a sus mejillas. Él sonrió despacio, la miró de abajo a arriba, la falda remangada, la alpargatas, el castaño pelo alborotado, los inmensos ojos azulados con destellos miel mirándolo fijamente, la carnosa boca entreabierta y se quedó colgado de su imagen. Sin poder apartar la mirada de su cuerpo estiró el brazo, tomó su mano y la invitó a bailar. El coro estaba en su cabeza, no necesitaban más. Dos cuerpos destinados a encontrarse bailando el baile más antiguo. Continue reading “Todo llega”