Sin vuelta atrás

Pensaba tumbada en el sofá, mirando fijo al techo sin apenas parpadear.  Sin  tristeza, sólo cierta melancolía y añoranza. Las cosas habían cambiando tanto. Ya no había ramos de flores cuando discutían. No había llamadas fuera de esquema, ni correos, ni mensajitos al móvil. No más notas de amor dibujadas en la mampara con el vaho de una ducha ardiente en febriles fantasías. Ya no había nada de eso. Sólo el vacío y el recuerdo de aquello que fue. La desidia. El abandono. La molestia de verse compartiendo espacio. El hartazgo por aquellas manías que hasta hace poco apenas irritaban. La impotencia y la rabia de haberse visto vencidos por la rutina quedaba.

Miró la mesa que tenía al lado. Unos papeles y sobre ellos un bolígrafo y las gafas. Sabía lo que quería hacer pero el impulso no llegaba. Y, como en un sueño, de nuevo en el principio estaba. Dos miradas al frente perdidas en un horizonte de espuma de mar alborotada. Leves caricias con intención de conquista. Sonrisas furtivas convertidas en intensas carcajadas. El empuje de dos cuerpos hambrientos descubriéndose con ansia. Promesas susurradas al calor de las sábanas. Ganas de hacerse felices, de acompañarse… Estalló en lágrimas. ¿Cómo algo tan grandioso había terminado por ser nada? Se levantó de un salto del sofá, tomó las gafas. Firmó sin que la izquierda temblara. Cogió el móvil y buscó Mayka. “Ya está hecho. Libre otra vez.”

“Las historias de amor deberían quedar suspensas en el instante en que se empiezan a perder. Las almas seguirían buscando y quizá se encontrarían de nuevo, o no y entonces se reencarnarían para volver a ser mejores con otro. Siempre amantes, siempre amadas. No nos merecemos lo que estamos viviendo, Mayka. Es mejor para mí, pero también para él. Estoy segura de que encontraremos alguien que vuelva a sacar lo mejor de nosotros. Yo digo adiós a estos años sonriendo porque soy feliz por haberlo vivido, hay quien no experimenta nunca la sensación de ser el todo de otro. Y yo lo he sido para Juan, al igual que él para mí. Divorciados. Suena extraño. Tras tanto tiempo pensando que deberíamos ponerle fin parece mentira que ya esté hecho. Puedes mandar el mensajero a por los papeles cuando quieras, le espero, no hay vuelta atrás”.

Perplejo, con un enorme ramo de rosas rojas, Juan escuchaba desde la puerta. Carla no había querido cambiar la cerradura hasta no estar seguros de la decisión que estaban a punto de tomar y él había aprovechado esta tesitura para darle una sorpresa. Aunque finalmente la sorpresa había sido para él. Estaba seguro de que podía desmoronar el muro que habían construido lentamente entre ambos. Además de las flores tenía reserva para cenar en un restaurante de moda que ella quería visitar desde hacía meses y que siempre estaba lleno. Tuvo que mover muchos contactos y dejar a deber muchos favores para conseguir una mesa. Llevaba toda esa larga semana separados dándole vueltas y, al fin, el día anterior mientras hablaba con un amigo se había convencido de que Carla era el amor de su vida. No en el sentido tonto de las bobaliconas comedias románticas hollywoodienses, no, era su compañera, su amiga, su incondicional, quien siempre estaba a su lado no sólo en los momentos buenos, sino también en los malos. Si echaba la vista atrás veía muy claro que merecía la pena pasar la vida a su lado porque su vida desde que se conocieron sólo había mejorado.

Cabizbajo y encogido giró sobre sus talones despacio. Estiró el brazo, abrió los dedos, tomó la manija de la puerta y muy lentamente la abrió. Cerró con delicadeza y se despidió mentalmente de su vida, no sólo de la que había sido, sino también de la que sería. Dijo adiós a hijos que no habían llegado, a aniversarios y celebraciones, pero también a sí mismo. Él era ya otra persona. De repente envejeció diez años. Desde la acera de enfrente miró el balcón de la que ya no era su casa. Luminosa e iridiscente, como cuando la conoció, estaba Carla. Ella sólo vio un anciano que la miraba.

2 thoughts on “Sin vuelta atrás

  1. Fíjate que después de leer algo así sé me hielan las palabras…
    No puedo evitar dejar por aquí una huella, aunque sólo sea para que sepas que te sigo, que te admiro, que te animo…
    No dejes nunca de hacer arte con las palabras. Tienes un don, algún día sabrá verlo quién toque.
    Un beso grande querida

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