El retorno

Aún no había amanecido pero llevaba mucho rato despierta. Quieta, con los ojos cerrados, escuchando la nada que había en su habitación, con la mano extendida sobre el hueco a su izquierda. No se trataba de nervios exactamente, era un hormigueo más leve, algo menos acuciante. Haciendo un esfuerzo consciente abrió los ojos y miró la hora que marcaba el despertador reflejada en el techo: las seis y veinte. Tenía narices que estuviera despierta 10 minutos antes de lo que lo hacía normalmente con lo que le costaba madrugar cada mañana. Como ya no sabía que inventarse para estar debajo de las sábanas se levantó. Abrió el grifo de la ducha, tardaba mucho en salir caliente, se miró en el espejo mientras tanto, se vio cansada… y vieja… y cansada. Se dio con la realidad de quien espera durante tanto tiempo. Le había cambiado no sólo el carácter, sino también el rictus, esa expresión de normal candorosa ahora estaba crispada, su color de piel gris en vez de rosado, la sonrisa tensa. En estos dos años le habían salido surcos bajo los ojos y había perdido su luz.

Agitó la cabeza para alejarla de su imagen y se metió en la ducha. No se demoró mucho, se abrigó con el albornoz y preparó café, el mismo café que a él tanto le gustaba, el que compartían desde que habían decidido que la mejor manera de aprovechar sus vidas era pasarlas juntos. Lo tomó de pie en la cocina, mirando cada foto colocada sobre el frigorífico, en las que estaban los dos, sus familias (la que tienes cuando naces y la que te forjas con los amigos a fuerza de dedicarles tiempo) y sus momentos importantes (la no boda, cuando se juraron amor eterno brindando con Abadía Retuerta en una pequeña bodega de Aranda de Duero y que a ellos les sirvió para intercambiar alianzas y gritarle al mundo su amor). Recordando metió la taza en el fregadero con media sonrisa en los labios. Sólo eran las siete. El avión aterrizaba sobre las diez… tenía todo el tiempo del mundo. Continue reading “El retorno”

Todo llega

Aquél día hacía sol y las florecidas lavandas teñían el horizonte. Despreocupada caminaba entre ellas, dejando que su vista vagara por el vasto paisaje. De pronto un muchacho irrumpió rápido en su campo de visión. Se quedaron parados el uno frente al otro, reconociéndose, sabiendo que el destino había llegado. Ella notó cómo su corazón se alborotaba, tanto que onduló su blusa y sintió crecer en lo más profundo de su cuerpo un rubor nacarado que pronto llegó a sus mejillas. Él sonrió despacio, la miró de abajo a arriba, la falda remangada, la alpargatas, el castaño pelo alborotado, los inmensos ojos azulados con destellos miel mirándolo fijamente, la carnosa boca entreabierta y se quedó colgado de su imagen. Sin poder apartar la mirada de su cuerpo estiró el brazo, tomó su mano y la invitó a bailar. El coro estaba en su cabeza, no necesitaban más. Dos cuerpos destinados a encontrarse bailando el baile más antiguo. Continue reading “Todo llega”

Sin vuelta atrás

Pensaba tumbada en el sofá, mirando fijo al techo sin apenas parpadear.  Sin  tristeza, sólo cierta melancolía y añoranza. Las cosas habían cambiando tanto. Ya no había ramos de flores cuando discutían. No había llamadas fuera de esquema, ni correos, ni mensajitos al móvil. No más notas de amor dibujadas en la mampara con el vaho de una ducha ardiente en febriles fantasías. Ya no había nada de eso. Sólo el vacío y el recuerdo de aquello que fue. La desidia. El abandono. La molestia de verse compartiendo espacio. El hartazgo por aquellas manías que hasta hace poco apenas irritaban. La impotencia y la rabia de haberse visto vencidos por la rutina quedaba.

Miró la mesa que tenía al lado. Unos papeles y sobre ellos un bolígrafo y las gafas. Sabía lo que quería hacer pero el impulso no llegaba. Y, como en un sueño, de nuevo en el principio estaba. Dos miradas al frente perdidas en un horizonte de espuma de mar alborotada. Leves caricias con intención de conquista. Sonrisas furtivas convertidas en intensas carcajadas. El empuje de dos cuerpos hambrientos descubriéndose con ansia. Promesas susurradas al calor de las sábanas. Ganas de hacerse felices, de acompañarse… Estalló en lágrimas. ¿Cómo algo tan grandioso había terminado por ser nada? Se levantó de un salto del sofá, tomó las gafas. Firmó sin que la izquierda temblara. Cogió el móvil y buscó Mayka. “Ya está hecho. Libre otra vez.” Continue reading “Sin vuelta atrás”