Juernes

Las horas iban pasando. Al principio lentas, angustiosas, agarrotando el estómago y cercenando la vida. Poco a poco me fui a costumbrando a la ausencia. A no saber de ti casi nada, solo aquello que querías mostrarme. Sonriendo de medio lado cuando una foto me decía que estabas pasándolo bien, que habías quedado con alguien, que tu maldita cabeza no te había ganado la partida. Continue reading “Juernes”

Martín

Despertó con la sensación de que algo estaba mal. Su mente se afanaba en recordar lo acontecido la noche anterior, pero nada acudía en respuesta.

Abrió los ojos. Estaba casi convencida de que era de día aunque a su alrededor la oscuridad era total. Intentó reconocer dónde se encontraba, pero el lugar le era completamente ajeno.

Giró la cabeza a su izquierda y reparó en un bulto a su lado en la cama. Martín… ¿Qué hacía en esa cama con Martín? Su cabeza sólo respondía con unos lacerantes pálpitos de dolor en las sienes. “Martín” pensó de nuevo. Reconocería ese pelo oscuro en cualquier parte. Y ese olor a lluvia que le acompañaba siempre… Continue reading “Martín”

El hombre obsesionado

No sabía si disfrutaba más del tiempo que pensaba en ella o del que estaba junto a ella. En aquellos meses todo se había reducido a sus pecas, su pálida piel, sus ojos azules… El tiempo se le iba en recordar. El primer día que la divisó entre tanta gente con esa media sonrisa pícara. Pocos días después se acercó con un ramo de flores, pero no tuvo valor para hablar con ella. Lo dejó y huyó corriendo por miedo a ser rechazado o tomado por loco, pero ya se había enganchado a aquel rostro y era imposible sacarlo de su mente.

En la oficina nada salía bien. Desde aquella primera vez las horas se le iban en recrear su cara, en idear maneras de acercarse, en inventar pretextos verosímiles para llegar hasta ella. Su jefe vivía ahora pegado a su espalda, revisando todo su trabajo. Tras varios avisos seguía siendo incapaz de bajar a la tierra, así que fue despedido. No le importó, tendría más tiempo para ella.

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Me piensas

Leí su nombre y me quedé en blanco. Habían pasado tantos años… tantas cosas. Ya no recordaba el tacto de su piel, ni siquiera el sonido de su voz, sólo la última conversación telefónica que terminó con un “ya no puede ser” y luego la nada. Y ahora estaba allí, tan cerca que el simple pensamiento me  arreboló las mejillas y me aceleró el corazón.

Tras despedirnos traté de no pensarle. Nuestras vidas estaban ya destinadas a discurrir separadas y yo hice la mía, lo mejor que supe… aunque quizá lo más acertado sería decir lo mejor que pude. Cambié de trabajo, de ciudad y, poco a poco, me fui haciendo a no recibir sus llamadas ni sus mensajes, le fui borrando un poquito cada día. No fue fácil. Estaba muy enamorada y convencida de que el futuro pasaba por vivirlo con él. Así que tras su despedida tuve que reconstruir mis propios cimientos. No me quejo. Aprendí a vivir sola, sin la tóxica dependencia que produce el enamoramiento clásico, sabiendo que podía salir adelante sin una pareja conmigo, sabiendo que podía seguir sin él. Cuántas noches me descubrí fantaseando con su vuelta, para luego devolverme yo misma a la realidad. Y ahora que estaba superado, reaparecía. Continue reading “Me piensas”